El amor terminó, así que ellos, agotados y consumidos, se quedaron dormidos. Ella boca abajo; él boca arriba con uno de sus pies haciendo contacto con los de ella. Pero se sentía inquieto, con un repentino impulso de respirar aire fresco, de escuchar el bullicio de la gente, por lo que decidió salir a caminar un rato.
Entre sueños, ella escuchó los pasos de él alejándose, la puerta abriéndose y de nuevo los pasos de él en la acera mojada y dura. Quiso abrir los ojos, llamarlo, levantarse e inventar una nueva historia junto a él, pero no pudo hacer nada, y volvió a dormir. En su sueño, estaba acostada así, justo como se encontraba en ese momento, boca abajo, sobre la tierra. A su lado, se encontraba un hermoso árbol de tronco ancho y sólido y un lecho de flores de muchos colores. Incluso en el sueño, ella no pudo hacer nada, se sentía terriblemente pesada, así que permaneció un rato inmóvil, escuchando el viento, el tenue murmullo de las hojas al caer de los árboles. Estaba feliz de estar en ese lugar tan reconfortante, en el que no se sentía obligada a fingir, a pensar, a levantarse siquiera. Había llegado por fin a donde pertenecía, y sonrió de manera lánguida. El árbol pareció notarlo y se acercó a ella, amoroso. Sus raíces se movían lentamente por debajo de la tierra, buscando el cuerpo de ella, intentando tocarla. Ella se entregó a esa caricia sin oponer resistencias, sintiéndose más débil cada vez, entrando en un sopor en el que sólo escuchaba una canción hecha de las líneas de un poema de Sylvia Plath.
No supo cuánto tiempo más estuvo dormida, pero cuando despertó y lo vio parado en el umbral de la puerta con los ojos fijos en ella, se le antojó que una eternidad los había separado.
Sabía que debía hacer algo, hablar con él, fingir, convencerlo de algún modo que ese cuerpo inerte no era ella, pero era muy tarde y su cuerpo no quería responder.
Él la miró con ternura, aunque había algo nuevo en los ojos de siempre: estaba triste. No había duda, él se había dado cuenta, al fin la vio sin disfraces, más allá de sus risas y sus palabras huecas, de sus placeres fingidos, de sus ojos falsamente brillantes. Ella quería decir que comprendía su pesar porque ella también lo sentía. Pero ya no había que fingir, y ella volvió a acomodarse boca abajo.
Él caminó hacia la cama lentamente, a tientas, como fiel caminando hacia el altar. Con delicadeza, estiró el brazo y comenzó a acariciar la espalda que tantas veces había tocado. Pero hoy era diferente, algo le impedía acercarse a ella. Había tantas cosas que hubiera querido decirle, pero no pudo pensar en las palabras que lo ayudaran (tal vez no existían), así que se mantuvo de pie, con el brazo recorriendo su piel. Ella se sintió desconcertada, había algo intenso y confuso en sus suaves caricias, y una parte de ella quiso retroceder, volver el tiempo, sentirlo cerca. El brazo continuó recorriéndola, ahora era su cuello, su cabello, sus mejillas y después de un rato ella lo entendió: sus caricias no tenían la intención de antes, no había ardor en ellas, más bien la registraban, como para recordar, como para no olvidar, como si él fuera un elefante revisando un montón de huesos.
Él volvió a mirarla a una última vez.
Se obligó a dejarla. Y se fue.
Ella se quedó ahí, acostada.
jueves 26 de noviembre de 2009
miércoles 18 de noviembre de 2009
Post para evadir temas emocionalmente estresantes
"I have loved to the point of madness / That which is called madness / That which to me / Is the only sensible way to love." Escuché estas palabras en Criminal Minds. Sí, tienen esta cosita entre trillada y encantadora de decir una cita de algún famoso al final de cada episodio. Me encantó. Al intentar buscarla en Internet, no recordaba quién la escribió, sólo las tres palabras esenciales, mismas que me bastarían para dar con Francoise Sagan: amor, locura, sensatez. Voilà, ahí estaba. La única manera sensata de amar es la locura. Me gustó. Porque claro, qué super irónico ja-ja-ja-ja que sea sensato ser loco. También porque es mi pase automático, mi manera de legitimar todas las pendejadas locuras que *por amor* he hecho o haré en lo sucesivo.
Escenario 1.
Samantha: "No voy a llamarlo". "Sería *insensato*".
Samantha: "Pero recuerda las sabias palabras de Francoise Saga". "Lo sensato es cometer locuras".
Samantha: "Es verdad, ¿cuál era el número?"
Y así. Hasta llegar al escenario 5730. O más. El cielo es el límite.
En otros temas igual de fortuitos e intrascendentes que el anterior, el departamento que estoy rentando incluye cable, así que qué diablos, veo *un poco* de tele todos los días.
Y está Goodwife, Detectives médicos. También he tenido mi dosis de The United States of Tara, aunque no sé, me está perdiendo. House a veces. Pero los que más más me pueden ahora son cuatro.
Criminal Minds: Quiero ser tan inteligente como ellos, tener un novio como Spencer Reid y un jefe como Aaron Hotchner para que sea mi amor platónico, babear por él en secreto, a distancia y cuando me hable con esa voz decidida y me mire con esos ojos intensos, no tener más remedio que decirle sí a todo, aunque un día llegue borracho a la oficina y quiera hacer body shots de tequila en mi ombligo/teclas/no-quieren-saber.
A prueba de todo: Ay no sé por qué me llama tanto la atención el programa de un tipo al que sueltan en un paraje inhóspito y se las arregla para sobrevivir, usa la mochila como tirolés, come lagartijas crudas sin cabeza y víboras asadas como si fueran el manjar más delicioso y construye balsas sólidas sólo con esos brazotes que podrían guarecerme en caso de tormenta. Será porque cada vez veo más emos en la calle, tan lindos con sus playeras pegadas y sus ojitos exquisitamente delineados. Será porque me cansé de que mi novio use el término metrosexual a la menor provocación y me robe el esmalte para uñas con el argumento de que sólo quiere protegerlas para que no estén tan quebradizas. En fin, A prueba de todo es un programa altamente práctico, cuántas veces se pierde uno en el Sahara y se pregunta: "¿Qué dijo Bear que se tiene que hacer para orientarse acá?" "Diablos, ¿por qué no puse más atención en ese capítulo?".
Raising the Bar: Esta serie es rarona: por un lado está Jerry Kellerman, hombre cabal quien a pesar de toda la evidencia en contra, se empeña en ser un idealista empedernido. Por el otro lado está la realidad pisoteando día a día sus buenos deseos, sus intenciones, haciendo que se cuestione si algo en esta vida tiene una pizca de sentido. Pero es lindo el tipo, y habla lindo lindo, mi lado cínico se siente amenazado cuando lo escucha hablar. Están también los miles de finales no felices, descorazonados, sin fe. Como la vida misma.
Project Runway: Amo, amo, amo este programa. Yo no tengo una reputa idea de cómo se diseña un vestido, tal vez por eso todo lo que pasa en Project me parece mágico, como un unicornio saliendo de un sombrero negro de copa. Así que ahí me tienen cada miércoles con cara de tarada y preguntándome cómo crearon un hermoso vestido a partir de envolturas de dulce o cinturones de seguridad para carros. Cada desafío digo ay, no, esta vez sí está imposible, no lo van a lograr, y cada semana me hacen tragarme mis palabras, como el día que los llevaron a un mercado y uno de ellos hizo la cosa más hermosa de vestido con hojas de maíz. Hojas de maíz por Diossss. Un montón de trapos hechos arte.
Canciones que van bien con este post: Where have all the cowboys gone?
Escenario 1.
Samantha: "No voy a llamarlo". "Sería *insensato*".
Samantha: "Pero recuerda las sabias palabras de Francoise Saga". "Lo sensato es cometer locuras".
Samantha: "Es verdad, ¿cuál era el número?"
Y así. Hasta llegar al escenario 5730. O más. El cielo es el límite.
En otros temas igual de fortuitos e intrascendentes que el anterior, el departamento que estoy rentando incluye cable, así que qué diablos, veo *un poco* de tele todos los días.
Y está Goodwife, Detectives médicos. También he tenido mi dosis de The United States of Tara, aunque no sé, me está perdiendo. House a veces. Pero los que más más me pueden ahora son cuatro.
Criminal Minds: Quiero ser tan inteligente como ellos, tener un novio como Spencer Reid y un jefe como Aaron Hotchner para que sea mi amor platónico, babear por él en secreto, a distancia y cuando me hable con esa voz decidida y me mire con esos ojos intensos, no tener más remedio que decirle sí a todo, aunque un día llegue borracho a la oficina y quiera hacer body shots de tequila en mi ombligo/teclas/no-quieren-saber.
A prueba de todo: Ay no sé por qué me llama tanto la atención el programa de un tipo al que sueltan en un paraje inhóspito y se las arregla para sobrevivir, usa la mochila como tirolés, come lagartijas crudas sin cabeza y víboras asadas como si fueran el manjar más delicioso y construye balsas sólidas sólo con esos brazotes que podrían guarecerme en caso de tormenta. Será porque cada vez veo más emos en la calle, tan lindos con sus playeras pegadas y sus ojitos exquisitamente delineados. Será porque me cansé de que mi novio use el término metrosexual a la menor provocación y me robe el esmalte para uñas con el argumento de que sólo quiere protegerlas para que no estén tan quebradizas. En fin, A prueba de todo es un programa altamente práctico, cuántas veces se pierde uno en el Sahara y se pregunta: "¿Qué dijo Bear que se tiene que hacer para orientarse acá?" "Diablos, ¿por qué no puse más atención en ese capítulo?".
Raising the Bar: Esta serie es rarona: por un lado está Jerry Kellerman, hombre cabal quien a pesar de toda la evidencia en contra, se empeña en ser un idealista empedernido. Por el otro lado está la realidad pisoteando día a día sus buenos deseos, sus intenciones, haciendo que se cuestione si algo en esta vida tiene una pizca de sentido. Pero es lindo el tipo, y habla lindo lindo, mi lado cínico se siente amenazado cuando lo escucha hablar. Están también los miles de finales no felices, descorazonados, sin fe. Como la vida misma.
Project Runway: Amo, amo, amo este programa. Yo no tengo una reputa idea de cómo se diseña un vestido, tal vez por eso todo lo que pasa en Project me parece mágico, como un unicornio saliendo de un sombrero negro de copa. Así que ahí me tienen cada miércoles con cara de tarada y preguntándome cómo crearon un hermoso vestido a partir de envolturas de dulce o cinturones de seguridad para carros. Cada desafío digo ay, no, esta vez sí está imposible, no lo van a lograr, y cada semana me hacen tragarme mis palabras, como el día que los llevaron a un mercado y uno de ellos hizo la cosa más hermosa de vestido con hojas de maíz. Hojas de maíz por Diossss. Un montón de trapos hechos arte.
Canciones que van bien con este post: Where have all the cowboys gone?
miércoles 11 de noviembre de 2009
Nota al subconsciente
No es raro que sueñe con viajes, trenes que no llegan a su destino, esperas eternas en salas de aeropuertos para nunca salir, casas que no reconozco, trasbordos de metro a lugares fríos, oscuros en los que no debía estar. Hoy en la mañana, estuve soñando yet another variación de lo mismo. Estaba en una casa que era una mezcla de un lugar conocido y desconocido, en el D.F., creo yo. Hacía las maletas para irme de ahí, tratando de dejar atrás todo cuanto pudiera. Una prima me contaba que por parte de su oficina iban a donar juguetes para navidad, así que yo sacaba mi colección de peluches. Raro, porque cuando era niña tenía un sólo dumbo, pero en el sueño era diferente, yo tenía muchos dumbos pero no me gustaban y los dejaba todos (my dumb moments?). Pero también estaba una coleción de muñecas Precious moments que sí me dolía dejar. Igual creo le di todas, o sólo me quedé con una. El sueño terminaba conmigo cantando como un gorrión, no, no cantaba con armonía ni nada, cantaba como un gorrión, de Serrat, aunque hice algunos cambios a la letra, no recuerdo cuáles, porque ni siquiera me sé la canción. Después desperté un poco triste y con mucho dolor de cabeza.
No tenía la canción de mi sueño en el iPod, así que me puse a buscarla en YouTube.
"Quedó tu nido seco y vacío", dice una de las líneas.
...
...
...
...
Querido subconsciente, ¿podrías de vez en cuando dejar de cagar con lo mismo?
Canciones que van con este post: Pasajera en trance, mejor aún si la canta my ultimate papasote.
No tenía la canción de mi sueño en el iPod, así que me puse a buscarla en YouTube.
"Quedó tu nido seco y vacío", dice una de las líneas.
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Querido subconsciente, ¿podrías de vez en cuando dejar de cagar con lo mismo?
Canciones que van con este post: Pasajera en trance, mejor aún si la canta my ultimate papasote.
martes 10 de noviembre de 2009
El exquisito sabor de la mentira
Desde el día en que me encontré con él, sentí ganas de venir a desahogarme acá. "Pero no", pensé, "es que no me corresponde, es que voy a parecer viejita amargada manda-cartas-al-presidente, solterona llena-buzones-de-quejas-en-restaurantes-hoteles-y-demás-establecimientos". "No debo, no debo, no soy el vocero de García Márquez", pero lo estuve pensando todo el fin de semana y todo el fin de semana me sentí algo indignada. "¿A mí qué?" Pues finalmente a mí sí, mucho sí, así que aquí voy...
Todo empezó un día que estaba conectada en una red social, un sitio onda facebook local. Una compañerita de ahí tuvo a bien agregar el texto El dulce sabor de una mujer exquisita a su blog. (Por cierto, nunca he entendido esa onda de tener un blog con puras poemas que no escribiste, letras de canciones que alguien más compuso, en resumidas cuentas: un blog hecho de palabras ajenas, digo, ¿para qué molestarte en dar copy paste a algo que seguramente ya está miles de veces en la red?) En fin, me puse a leer el *dulce sabor* con las expectativas un poco altas, pues desde el principio se me prometió que era de García Márquez. Ya desde las primeras líneas me sentí no sólo indigesta, sino mareada, confundida, como si a media comida me dijeran que el ingrediente secreto del pollo a la mostaza de mi mamá son los ojos de sapo.
Para cuando terminé de medio digerir esa cosa seca e insípida, es decir el texto que me vendieron como exquisito, ya tenía mi mente resuelta: este bodrio no puede ser de García Márquez. Busqué que me aclararan la duda en Internet pero, para mi horror, la red está inundada de copias del texto en cuestión y en cada una de ellas se atribuye el texto al escritor colombiano.
Y la viejita solterona, colecciona-y-avienta-gatos que habita en mí se puso a vociferar entre dientes: "qué cosas, ya no hay valores, qué barbarie, qué (inserte aquí todo lo malo que se le ocurra)".
Sí, ya sé que cualquiera podría espetarme un merecido "¿Y a ti qué?"
A mí sí, a mí me inquieta, por un lado, este tipo que tiene la cara tan dura como para estamparle un nombre tan grande a su pinchísimo texto y para enviarlo enemil veces en forma de cadenita para que se difundiera peor que influenza porcina en estación de metro a las 8:30 de la mañana.
A mí sí, me perturba, aún más, leer los comentarios de los blogs que alojan esta *exquisitez*: "gracias por recordarme que yo soy una de esas mujeres (a mucha honra)" o "ay, tan hermoso como todo lo que escribe mi Gabo".
Siendo justos y objetivos, estaremos de acuerdo en que no es necesario estudiar filosofía y letras con posgrado en literatura hispanoamericana para darse cuenta de que el sabor de una mujer... no es de quien se dice que es. Yo no soy especialista García Márquez. Para hacer honor a la verdad, sólo he leído dos de sus libros: de Cien años de soledad no recuerdo mucho: unas mariposas, un hilo de sangre que me impactó y las notitas en Macondo cuando todos empiezan a olvidar. El amor en los tiempos del cólera sí lo he leído más, a veces todo, a veces sólo pasajes y lo tengo más presente porque es uno de mis libros favoritos. Las dos fueron lecturas obligatorias en la escuela, y no creo ser un caso especial o extraordinario, es decir, seguramente mucha gente "ha tenido" que leer a Gabo como tarea escolar alguna vez en su vida.
Entonces, no entiendo.
No entiendo que alguien que ha leído a personajes como Úrsula o Fermina, o Leona o Tránsito esté tan dispuesto a creer que Gabriel García Márquez tiene un concepto tan limitado de la mujer, que no se cuestione, que no se dé cuenta que hay una gran contradicción entre la esencia de esos personajes y la mujer que se invoca en el textucho: una mujer que pasivamente renuncia a sus sueños y basa su valía en sus pocos conocimientos y experiencia sexuales.
Tampoco entiendo que alguien que haya leído un párrafo escrito por el Nobel de literatura considere que hay belleza en el texto espurio. Simplemente no entiendo cómo se puede tragar mierda y decir es un jugoso filete de res, cómo se puede oler el retrete y pensar que es el buqué de un buen vino.
Así las cosas, mejor me voy preparando, cualquier día de éstos le dan el Nobel a Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
Canciones que van bien con este post: Gato por liebre de Los tres (que no son tres, son cuatro, por cierto).
Todo empezó un día que estaba conectada en una red social, un sitio onda facebook local. Una compañerita de ahí tuvo a bien agregar el texto El dulce sabor de una mujer exquisita a su blog. (Por cierto, nunca he entendido esa onda de tener un blog con puras poemas que no escribiste, letras de canciones que alguien más compuso, en resumidas cuentas: un blog hecho de palabras ajenas, digo, ¿para qué molestarte en dar copy paste a algo que seguramente ya está miles de veces en la red?) En fin, me puse a leer el *dulce sabor* con las expectativas un poco altas, pues desde el principio se me prometió que era de García Márquez. Ya desde las primeras líneas me sentí no sólo indigesta, sino mareada, confundida, como si a media comida me dijeran que el ingrediente secreto del pollo a la mostaza de mi mamá son los ojos de sapo.
Para cuando terminé de medio digerir esa cosa seca e insípida, es decir el texto que me vendieron como exquisito, ya tenía mi mente resuelta: este bodrio no puede ser de García Márquez. Busqué que me aclararan la duda en Internet pero, para mi horror, la red está inundada de copias del texto en cuestión y en cada una de ellas se atribuye el texto al escritor colombiano.
Y la viejita solterona, colecciona-y-avienta-gatos que habita en mí se puso a vociferar entre dientes: "qué cosas, ya no hay valores, qué barbarie, qué (inserte aquí todo lo malo que se le ocurra)".
Sí, ya sé que cualquiera podría espetarme un merecido "¿Y a ti qué?"
A mí sí, a mí me inquieta, por un lado, este tipo que tiene la cara tan dura como para estamparle un nombre tan grande a su pinchísimo texto y para enviarlo enemil veces en forma de cadenita para que se difundiera peor que influenza porcina en estación de metro a las 8:30 de la mañana.
A mí sí, me perturba, aún más, leer los comentarios de los blogs que alojan esta *exquisitez*: "gracias por recordarme que yo soy una de esas mujeres (a mucha honra)" o "ay, tan hermoso como todo lo que escribe mi Gabo".
Siendo justos y objetivos, estaremos de acuerdo en que no es necesario estudiar filosofía y letras con posgrado en literatura hispanoamericana para darse cuenta de que el sabor de una mujer... no es de quien se dice que es. Yo no soy especialista García Márquez. Para hacer honor a la verdad, sólo he leído dos de sus libros: de Cien años de soledad no recuerdo mucho: unas mariposas, un hilo de sangre que me impactó y las notitas en Macondo cuando todos empiezan a olvidar. El amor en los tiempos del cólera sí lo he leído más, a veces todo, a veces sólo pasajes y lo tengo más presente porque es uno de mis libros favoritos. Las dos fueron lecturas obligatorias en la escuela, y no creo ser un caso especial o extraordinario, es decir, seguramente mucha gente "ha tenido" que leer a Gabo como tarea escolar alguna vez en su vida.
Entonces, no entiendo.
No entiendo que alguien que ha leído a personajes como Úrsula o Fermina, o Leona o Tránsito esté tan dispuesto a creer que Gabriel García Márquez tiene un concepto tan limitado de la mujer, que no se cuestione, que no se dé cuenta que hay una gran contradicción entre la esencia de esos personajes y la mujer que se invoca en el textucho: una mujer que pasivamente renuncia a sus sueños y basa su valía en sus pocos conocimientos y experiencia sexuales.
Tampoco entiendo que alguien que haya leído un párrafo escrito por el Nobel de literatura considere que hay belleza en el texto espurio. Simplemente no entiendo cómo se puede tragar mierda y decir es un jugoso filete de res, cómo se puede oler el retrete y pensar que es el buqué de un buen vino.
Así las cosas, mejor me voy preparando, cualquier día de éstos le dan el Nobel a Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
Canciones que van bien con este post: Gato por liebre de Los tres (que no son tres, son cuatro, por cierto).
jueves 5 de noviembre de 2009
Cuando lloro se me hincha la nariz (toda jota)
Una cosa...
...llevó a la otra....
...era demasiado tarde para echarse para atrás, así que asesté con el golpe más mortífero de todos, con....
y el resultado fue

...llevó a la otra....
...era demasiado tarde para echarse para atrás, así que asesté con el golpe más mortífero de todos, con....
y el resultado fue

Missing person
comunicación sin emoción
una voz en off con expresión deforme
busco algún mensaje entre líneas
busco alguien que sacuda mi cabeza
no siento nada
nada personal
nada especial
una voz en off con expresión deforme
busco algún mensaje entre líneas
busco alguien que sacuda mi cabeza
no siento nada
nada personal
nada especial

¿Qué crees? Encontré tu foto en Internet, en facebook. Ya sé que no tenía mucho caso investigar, pero más tardó mi mente en decírmelo que mis morbosos dedos en teclear tu nombre en la ventana de búsqueda. Pero no estuve tan mal, realmente pudo ser peor. Verás, yo no tengo cuenta en facebook y por unos momentos me tentó la idea de darme de alta para obtener más detalles escabrosos de tu vida, pero me contuve.
Bueh, me contuve y no, realmente no había gran necesidad de indagar más. Todo lo que quería saber estaba allí, en esa pequeña imagen.
Y claro, también en cosas que Juan me dijo y en esas dos horas que platicamos la última vez, hace más de 5 años.
Parece mentira que te haya querido tanto. Ahora, al mirar la foto, no puedo sino apreciar que eres tú, pero el hombre a quien quise hace mucho tiempo ya no está. A él le brillaban los ojos al decirme que tenía la oportunidad de hacer lo que más quería y encima le pagaban. Tú hablas del precio de la botella de Buchanan en el Costco. Él era flaquito y tenía que cenar avena cada noche para no adelgazar más. A él siempre lo veías con su cesta, unos pants o ropa holgada y sin combinar. Tú usas playeras pegadas y no pierdes nunca la oportunidad de mostrar tus bien formados brazos. Él vivía en la gran Tenochtitlán; tú en Cancún. Él jugaba jai alai; tu deporte favorito es cazar gringas en lo antros. Él escuchaba a Pink Floyd, a los Beatles y a los Rolling, tú escuchas a 50 cent, a Puff Daddy y a quienquiera que cante un hit en spring break. Él me hizo su novia, tú tienes una báscula en los ojos, tú ni siquiera me mirarías. Con él hablaba de letras de canciones, de películas, de todo lo que había y de lo que ni se podía ver. La última vez que te vi no pasamos de temas como la importancia de verse bien, los diferentes tipos de cuerpos de mujeres y las estrategias para ligar.
Tú te tomas muy en serio en estos días.
Él, él se burlaría de alguien como tú, de tu torso desnudo, de tu shortsito a la Richard Simmons y de tu pinta de Don Juan de cuarta.
Canciones que van bien con este post: He never said he was deep, que en realidad sería I never said I was deep, pero bueno (he is profoundly shallow).
sábado 31 de octubre de 2009
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